Sobre la adquisición de Riverview Law por EY

Sobre la adquisición de Riverview Law por EY

El anuncio de la compra de Riverview Law por parte de EY ha eclipsado la prensa jurídica y las redes sociales en los últimos días y no tanto por la magnitud de la operación sino porque eleva varios grados la temperatura del tanque de agua en el que nadan las ranas. Las habrá que, sumidas en la autocomplacencia, terminen hervidas y achicharradas.

 

¿Cómo empezó Riverview Law?

A Karl Chapman, fundador y CEO de Riverview Law, le vimos por primera vez en España en la primera edición del Legal Management Forum, organizado por Inkietos y Wolters Kluwer. Su sesión no habría podido ser más elocuente, empezando con un gigantesco ¡Gracias! en la pantalla en una doble y muy significativa referencia: gracias a los reguladores por haber permitido al fin que no abogados puedan poseer y gestionar firmas de servicios jurídicos y gracias también a los abogados por haber dejado un margen de mejora tan amplio en la prestación de servicios jurídicos.

Riverview Law nació hace poco menos de 6 años cuando la SRA de UK empezó a emitir licencias ABS con un claro objetivo: prestar servicios jurídicos a las empresas de una forma radicalmente distinta a cómo se venían prestando hasta el momento. No se le puede atribuir la originalidad de la idea, pues había ya otros operadores en el mercado haciendo lo mismo o muy parecido como Axiom Law, United Lex o Elevate Services entre otros, pero su estructura de capital diversificada, el desarrollo de la plataforma Kim y ser el primero en UK rápidamente situaron a Riverview Law como uno de los referentes en la gestión de servicios jurídicos o managed legal services.

Karl Champman es un hombre con olfato para los negocios, un trabajador incansable y un emprendedor que ya fundó y vendió en el pasado una empresa de servicios de asesoramiento en recursos humanos, Adviser Plus.

Mitch Kowalsky resume muy bien su trayectoria y dibuja las líneas maestras de su evolución en este artículo del cual reproduzco aquí las conclusiones, que me parecen tremendamente acertadas:

“Los empresarios utilizan ideas, sistemas y procesos de sectores ajenos al jurídico para crear nuevos negocios jurídicos.

De esta forma, los nuevos negocios jurídicos:

  1. Son gestionados por empresarios, no por abogados;
  2. Tienen un mix de inversores que no todos son abogados y, que no esperan un retorno inmediato a su inversión;
  3. Retienen los beneficios y los invierten pensando en el largo plazo;
  4. Crean una experiencia de cliente única que es difícil de imitar por los operadores clásicos del sector;
  5. Atraen a sus clientes en base a una experiencia de cliente única que no deja cada noche el despacho (con la incógnita de si volverá al día siguiente)
  6. No atrae clientes en base a relaciones personales con abogados que pueden dejar el despacho en cualquier momento;
  7. Experimentan un crecimiento masivo en sus primeros cinco años de existencia (al parecer, cerró su último ejercicio fiscal con 10.000.000 de libras)
  8. Es comprada por una Big Four debido a su particular y exitosa combinación de personas, procesos y tecnología con la que generan una inversión estable y tangible.

Podemos especular y discutir lo que esto significará para los servicios jurídicos en los próximos diez años, per no puede negarse que la estructura de la propiedad y modelo operativo de Riverview Law es un éxito y merece ser estudiado con detenimiento – y quizás copiado (añade Mitch Kowalsky)- por los nuevos operadores en el sector jurídico o por los operadores tradicionales que buscan diferenciarse en el mercado.”

 

¿Qué es lo que hace de forma distinta Riverview Law?

Ellos tienen muy claro el espacio que ocupan en el mercado. Sus servicios se dirigen a los departamentos jurídicos de empresas y cubren todo aquello que está por debajo de las grandes operaciones y por encima de los servicios más básicos, es decir, entre el 60% y el 70% del trabajo jurídico de estas empresas como puede verse en la imagen.

Tarifan sus servicios a precio fijo y asumen el riesgo que ello conlleva por lo que minimizar este riesgo es de suma importancia. La forma de hacerlo estriba en su particular metodología de trabajo –hacer, medir, corregir- importada de otros sectores y según ellos, perfectamente aplicable al sector jurídico a diferencia de lo que tradicionalmente se ha dicho.

Riverview Law planifica el trabajo que realizará para cada cliente, se lo expone, se aprueba el plan de trabajo, se ejecuta y se analizan los resultados. Todo el trabajo se desarrolla dentro de una plataforma tecnológica creada expresamente para esta función (Kim) que incluye funciones de automatización de flujos de trabajo y de documentos, funciona en la nube y es totalmente accesible por el cliente. De esta forma, en un ejercicio de transparencia absoluta, el cliente monitoriza la evolución del trabajo en tiempo real, el equipo asignado a su proyecto, las posibles desviaciones, etc… Todo el trabajo queda registrado y documentado: quién hace qué, cómo se hace, cuánto se tarda, cuellos de botella o temas que requieran otro tipo de soluciones. El trabajo realizado es analizado de forma permanente por el equipo y se corrige, modifica o adapta lo que sea necesario para lograr un proceso estructurado, fiable y sobre todo, predecible.

 

Sobre la importancia de la adquisición.

EY es una empresa global que puede acelerar aún más el ya de por sí exponencial crecimiento de Riverview Law, acercándole a una extensísima base de clientes que entran perfectamente dentro de su cliente objetivo. No es que Riverview Law no pudiera llegar a ellos, seguramente tardaría algo más, pero lo haría.

En especial, ayudará a superar algunas de las barreras de entrada que tenía:

  1. Su ubicación en una única plaza, Inglaterra, por más que tuviera una oficina de representación en Nueva York pero que no podía ser más que eso debido a las restricciones regulatorias americanas sobre el ejercicio del derecho.
  2. Las diferencias horarias al tratar con clientes globales situados en jurisdicciones lejanas, que por supuesto pueden resolverse con centros de atención al cliente operativos las 24 horas, pero el cliente siempre preferirá tratar con un equipo que esté cerca y plenamente operativo en lugar de reducidos servicios de urgencia.
  3. El conocimiento del derecho local, algo que solamente abogados y profesionales del país pueden aportar.
  4. El idioma, pues si bien el inglés es el idioma universal de los negocios, la realidad es que ni todos los abogados hablan inglés ni todos los contratos ni documentos jurídicos están escritos en este idioma.

Esta operación tiene una gran trascendencia por su transversalidad y potencial para afectar a todos los despachos de abogados de cualquier país. La reflexión que hace Mark Cohen al respecto es también muy interesante y puede leerse en este enlace.

 

¿Cómo nos afecta esto en España?

Los clientes de otras jurisdicciones parecen estar intrigados y a la expectativa de lo que EY Riverview Law pueda proponerles según indica la Corporate Counsel Association. Teniendo en cuenta que España es el país donde las Big Four tienen un mayor índice de penetración en el sector jurídico, creo que esta operación es un importante aviso a navegantes. No podemos extendernos por razones de confidencialidad, pero sí podemos mencionar que en el último año (justamente el tiempo que ha tardado en gestarse esta operación) Riverview Law ha estado traduciendo al español su plataforma tecnológica.

La fábula de la rana y el agua hirviendo no es más que eso, una fábula, pero es un paralelismo muy interesante en épocas de cambio como la que está viviendo el sector jurídico. Y la temperatura del agua está subiendo.

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Eva Bruch
evabruch@alterwork.net
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