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Reflexiones desde Chicago – Cambio cultural de los abogados

Chicago, Eva Bruch

Reflexiones desde Chicago – Cambio cultural de los abogados

A Chicago se la conoce como a la ciudad de viento por la intensidad con la que éste sopla en los fríos días de invierno frente al lago Michigan y entre sus amplias calles. También sopló el viento en la Northwestern Pritzker School of Law los días 3 y 4 de mayo, pero uno distinto, sopló el viento del cambio, como en la canción de Scorpions: The wind of change.

Una sola idea gravitó entorno a las ponencias impartidas en la conferencia “Beyond Our Borders: a global legal innovation summit” que reunió a profesionales del sector jurídico de varias nacionalidades, entre ellos yo misma: la necesidad de un cambio cultural en el sector jurídico y sus abogados.

Cambio cultural

El actual modelo de negocio de los despachos es ineficaz para dar respuesta a los principales retos a los que se enfrenta el sector: 1) el acceso a la justicia y 2) mejorar el servicio al cliente.

Acceso a la justicia.

Una parte muy importante de la sociedad, durante mucho tiempo, no ha tenido acceso a servicios jurídicos debido a su elevado coste. Había pocos abogados y mucha demanda así que los precios podían ser altos. La forma de trabajar de los abogados era artesanal, no había otra forma de hacerlo entonces y así siguió durante bastantes años. La tecnología ha cambiado esto por completo y existen varios ejemplos que lo demuestran, lamentablemente, demasiado escasos.

La mayoría de abogados prefieren aferrarse al modelo tradicional, a aquello que conocen, que les resulta familiar y que tan bien ha funcionado durante tantos años. Es la conocida como zona de confort, que con el tiempo se torna cada vez más pequeña y estrecha. Esta zona de confort está dejando de ser una opción para una cantidad muy elevada de abogados, en especial en España, el país con la media de abogados por cada 100.000 habitantes más elevada de Europa (291 vs 149 en el año 2014).

El avance tecnológico, en especial en el sector jurídico, ofrece soluciones casi ilimitadas para prestar servicios jurídicos de calidad a precios asequibles a toda la población, pero la tecnología no es el fin, es solamente el medio para lograrlo. Alcanzar ese fin supone cambiar el modelo de negocio del despacho utilizando las herramientas que hoy existen. Pero las excusas para no hacerlo son muchas: desde el total desconocimiento hasta el precio, pasando por la aversión tecnológica, la falta de habilidad, falta de tiempo, desconfianza, etc…

Quizás algo cansada de excusas, Inglaterra decidió desregular el sector jurídico en 2007. Otros lo hicieron antes y algunos han seguido después. Más están por venir. El cambio de paradigma va a coger por sorpresa a muchos abogados si no abordan un verdadero cambio cultural, de mentalidad y de costumbres; si no dejan de poner excusas antes de que sea demasiado tarde.

Mejora del servicio al cliente.

El “más por menos” es un fenómeno estructural y no circunstancial como se creía y, muy conocido por la abogacía de los negocios desde la crisis financiera del 2008.

El modelo clásico de la facturación por horas, la cargabilidad de los abogados y los parámetros por los que éstos son medidos (horas facturadas a clientes y horas efectivamente cobradas) va en la dirección opuesta a lograr aquello que los clientes demandan.

De un lado, utilizar herramientas que mejoren la eficiencia mediante la sistematización de procesos y la automatización, supone también una reducción de las horas facturables, lo cual perjudica directamente el ratio por el cual los abogados son medidos. De otro lado, la total repercusión de costes a los clientes deja a los despachos anclados en la visión cortoplacista del negocio, eliminando el concepto de inversión a medio-largo plazo que implica ganar algo menos de dinero ahora para recuperarlo más adelante con un interés o tasa de retorno de la inversión.

La inversión en tecnología acostumbra a ser vista en nuestro sector como un coste elevado que debe ser repercutido al cliente, siendo un ejemplo de ello el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. Estos entrenamientos son procesos largos que requieren inversión de tiempo y dinero. Dos recursos clave en los despachos según su modelo de negocio actual y que podrían ser contemplados como elementos de inversión en un modelo de negocio distinto cuya rentabilidad no dependiera de las horas facturables.

Nuevamente nos encontramos con la necesidad de cambiar en primer lugar la cultura del sector, de los despachos y sus abogados. Y esto no tiene nada que ver con la adopción de tecnología, que será una consecuencia natural del cambio cuando éste se produzca.

 

¿La tecnología va a sustituir a los abogados?

¿Necesitaremos menos abogados? Estas son las preguntas que nos hacen cada vez que damos una charla o impartimos una clase.

Es evidente que la tecnología sustituirá abogados. No necesitaremos cientos de abogados para abordar un proceso de due dilligence por ejemplo, ni para contestar la mayoría de las preguntas que atendemos a diario.

Pero también es cierto que se necesitarán muchos más abogados, en especial, para solventar el problema del acceso a la justicia. Sin embargo serán abogados cuya carrera profesional ya no tendrá como objetivo convertirse en socio de un despacho o tener un despacho propio. Serán abogados cuyos salarios serán modestos y su trabajo, intelectualmente menos estimulante.

La profesión de abogado, para una parte importantísima de ellos, dejará de ser esto, una “profesión” en el sentido romántico de la palabra para ser una opción de empleo más, como tantas otras. No, las máquinas no van a reducir el número de abogados que la sociedad precisa, pero sí cambiarán la naturaleza del trabajo de la mayoría de ellos. Se necesitaran más abogados, pero abogados dispuestos a ganar menos dinero, a trabajar para empresas de servicios jurídicos que utilizarán de forma intensiva la tecnología, ya sea para proveer servicios a una base muy amplia de la población o para atender las exigencias actuales de los clientes de la abogacía de los negocios. Algunos podrán seguir con sus clásicos modelos, revisados y convenientemente ajustados, pero serán una minoría.

 

Conclusión

Sin duda no es casualidad que un grupo de profesionales, líderes de opinión en el sector jurídico y procedentes de jurisdicciones muy distintas, preparen sus charlas para la conferencia de Chicago con semanas de antelación y todas ellas converjan hacia una misma dirección: la necesidad del cambio cultural del sector jurídico para adaptarse al nuevo paradigma antes de que éste les atrape y les deje atrás.

 

Caleidoscopio profesional

Estos son los profesionales que participaron en la conferencia de Chicago:

  • Mark Cohen, CEO, Legal Mosaic and Distinguished Fellow, Center for Practice Engagement and Innovation, Northwestern Pritzker School of Law. Washington, D.C.
  • Crispin Passmore, Executive Director, Solicitors Regulatory Authority (SRA) London, England
  • John Fernandez, US Chief Innovation Officer and Partner, Dentons & Global Chair, NextLaw Labs, Washington, D.C.
  • Iohann Le Frapper, General Counsel, Pierre Fabre Group and member of the Global Board of the Association of Corporate Counsel, Paris, France
  • Daniel Rodriguez, Dean and Harold Washington Professor, Northwestern Pritzker School of Law, Chicago
  • Eva Bruch, Founder of AlterWork, an organization of legal professionals and startups focused on developing a culture of innovation, Barcelona, Spain
  • Joek Peters, Founder and CEO, Legal Business World, The Hague, Netherlands
  • Markus Hartung, Attorney and Director, Bucerius Center on the Legal Profession, Hamburg/Berlin, Germany
  • Laura van Wyngaarden, Co-Founder, Diligen, a machine learning powered project management platform for legal contract review, Toronto, Canada
  • Andrew Arruda, CEO and Cofounder, ROSS Intelligence, San Francisco

 

Eva Bruch
evabruch@alterwork.net
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