Inteligencia Artificial y el Gran Hermano Legal

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Inteligencia Artificial y el Gran Hermano Legal

El debate sobre la sustitución del abogado por la máquina, impulsado por la inteligencia artificial, ya es tópico recurrente en la mayoría de conferencias y coloquios sectoriales. Un gran número de abogados se ven amenazados por las extraordinarias capacidades que está adquiriendo la tecnología.

Si nos fijamos en las herramientas avanzadas de inteligencia artificial y automatización documental que actualmente se están utilizando en el sector podemos afirmar, sin lugar a dudas, que habrá una efectiva destrucción de puestos de trabajo en los despachos. Este fenómeno está redefiniendo las estructuras de los más grandes. Incluso, para los early adopters de estas tecnologías, estas herramientas constituyen elementos casi esenciales en la prestación de servicios al cliente. Por ejemplo al abordar una due dilligence para un proceso de fusión o adquisición. Los despachos más grandes requerirán de menos abogados para realizar estos trabajos.

 

La función judicial 

Pero no solamente los trabajos relacionados con el análisis de documentos quedarán transformados por las nuevas tecnología. Pensábamos que la función judicial, incluyendo jueces, abogados defensores y acusadores nunca podría ser sustituida por las máquinas debido al raciocinio intelectual que conllevan. Esto no es cierto. Hay muchas evidencias que nos indican que no solamente también esto va a ser posible sino que lo será más pronto de lo que pensamos.

Por ejemplo, ya existe tecnología que puede identificar si una persona está diciendo la verdad en función del tono de voz que emplea y los micro-movimientos de su cara. Dare, el nombre de este sistema, ha sido entrenado con vídeos de personas declarando en salas de justicia.

Quizás necesitemos un abogado interrogando acusados o testigos pero, ¿necesitaremos un juez o un tribunal popular para tomar una decisión sobre la validez de ese testigo o la inocencia del acusado?

 

El Gran Hermano Legal

El impacto de las nuevas tecnologías va a ser mucho mayor de lo que podamos imaginar haciendo empequeñecer algunos de los más interesantes relatos de ciencia ficción cinematográfica.

En la universidad de Cambridge se han desarrollado varios algoritmos capaces de identificar “puntos negros” en los sistemas de contratación pública, en base a los datos públicos accesibles en la materia. El sistema se ha basado en los datos europeos de contratación pública de los años 2008 y 2009 y en base a ellos ha sido capaz de identificar situaciones en las que se puede sospechar de actuación corruptiva por parte de funcionarios públicos. Por ejemplo, cuando una adjudicación se hace en un periodo de tiempo anormalmente corto, o cuando los pliegos de condiciones son extrañamente complejos, o cuando a un concurso en sectores normalmente muy concurridos acuden muy pocos licitantes. Un sistema que esté permanentemente monitorizando este tipo de prácticas no necesita de ninguna instancia de parte para la denuncia de posibles fraudes o corruptelas pues está en alerta permanente identificando prácticas potencialmente corruptas en tiempo real.

 

Imparcialidad

El advenimiento de las máquinas para señalar cuando estamos infringiendo la ley, o sustituir la función judicial para tomar resoluciones automatizadas sobre la culpabilidad o no de un sujeto, puede parecer interesante desde el punto de vista de garantizar la necesaria imparcialidad de la justicia. Las máquinas parecen inmunes a los sesgos propios de los humanos, a nuestra capacidad para tomar en consideración otros factores que siquiera atañen al caso concreto y que pueden influir en la toma de una determinada decisión.

Nada más lejos de la realidad.

Se ha comprobado, por ejemplo, que el sistema COMPAS utilizado por los jueces de Florida, para conocer el grado de riesgo delictivo de una persona o la probabilidad de reincidir en la comisión de delitos, genera sesgos en función de la raza de la persona. Hoy en día se utilizan sistemas algorítmicos similares para actividades como la concesión de créditos (español) / (Inglés) o la evaluación de maestros por citar solamente algunos ejemplos.

 

Conclusión

La extraordinaria rapidez con la que se están introduciendo estas tecnologías genera también una gran cantidad de preguntas, entorno a su regulación y correcto uso, y conflictos. Conflictos en muchos casos relacionados con la programación del propio algoritmo, protegido por leyes de propiedad intelectual. ¿Deberán cambiar estas leyes y adaptarse a un nuevo entorno que cambia exponencialmente?

La destrucción de puestos de trabajo relacionados con el entorno jurídico quedará compensada, por lo menos en una parte, con la necesidad de profesionales jurídicos que entiendan el funcionamiento de estas tecnologías. Se valorará también que ayuden a crear las normas que regulen su funcionamiento y que asistan en la reforma de las actuales para que se adapten también al nuevo entorno. Que las puedan defender ante los tribunales o que ayuden a los programadores y empresas fabricantes a evitar sesgos en sus sistemas de aprendizaje.

Los abogados deben cambiar su forma de trabajar para adoptar nuevas tecnologías y, al hacerlo, se estarán preparando para ayudar a la sociedad en su interacción con las máquinas.

 

Este post fue publicado originalmente en la revista Legal Business World el 14 de Mayo de 2018 en su versión original en inglés. Puede consultarse aquí.

Eva Bruch
evabruch@alterwork.net
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