El legaltech y los abogados

El legaltech y los abogados

En el año 2013, leía un artículo de Robert Ambrogi (@bobambrogi) en el que se alegraba de que el Estado de Massachusetts estuviera considerando incorporar una recomendación para abogados sobre beneficios y riesgos asociados a las tecnologías más destacadas.

Durante el 2012, la American Bar Association fue la primera en incorporar dicha recomendación. Algunas facultades de derecho americanas, y otras europeas -como la Bucerios School of Law y el IE Law School-, interesadas en enlazar el mundo real al académico, fueron complementando progresivamente sus temáticas jurídicas con asignaturas dedicadas a la tecnología para el sector jurídico.

¿Cuál es la situación en España?

Alguien puede pensar que esto es solo un invento americano, que ellos están muy avanzados y que aquí no tenemos que preocuparnos porque esto nos queda muy lejos. Pero la realidad se ha empecinado en demostrar justo lo contrario:

  1. Hoy en día, en España, existen al menos 7 portales online de búsqueda de abogados. Y, con seguridad,  aparecerán más.
  2. Cada vez más despachos ofrecen servicios completos online, al estilo de las más modernas firmas virtuales americanas.
  3. En la actualidad, es casi inimaginable empezar una práctica jurídica sin un programa de gestión de expedientes.
  4. Herramientas como la video-conferencia y el correo electrónico son de uso diario, en casi todos los despachos.
  5. No pasa una semana sin que un despacho nos pregunte por sistemas de gestión de contactos (CRM) e-mail masivo (e-mail marketing), gestores de conocimiento, etc…

Tecnologías, todas ellas de uso común y diario para los abogados que quieren hacer de su profesión, un negocio (que es lo que es) y vivir de él.

 

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Las facultades de derecho deberían reflexionar

Las facultades de derecho, centradas en el estudio de la norma, están fallando al olvidar un tema relevante. Sus futuros abogados necesitarán las habilidades y herramientas pertinentes para prestar sus servicios a una sociedad tecnológicamente avanzada. Es cierto que no todo estudiante de derecho desea ejercer como abogado, pero una parte muy importante de ellos sí.

¿No sería lógico que éstos terminaran la carrera conociendo las implicaciones legales de blockchain y smartcontract? ¿y que, además, estuvieran preparados para utilizar estas tecnologías? ¿Que fueran capaces de diseñar aplicaciones jurídicas para trabajos rutinarios, utilizando la inteligencia artificial?

¿Es este un problema de costes? Imaginación. Algunas empresas están dispuestas, incluso deseosas, a financiar parte de estos programas formativos, con la finalidad de entrar en contacto con sus futuros clientes.

Eva Bruch
evabruch@alterwork.net
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